ALFREDO MONTAÑA Por Antonio Gómez Rufo


Publicado el sábado, mayo 23, 2020

FIGURAS CASI HUMANAS  ( Parte 1)

De la geometría aprendió Montaña que las figuras humanas son sumas de rectas, curvas, luces y sombras. Y de la vida (de la observación), este artista ovetense aprendió que las personas existen para que alguna vez alguien vez alguien las inmortalice en un cuadro. Algunas esperan sentadas; otras continúan sus quehaceres (tocando música o mirando el mar) para dar tiempo al artista a que repare en ellos. Venimos a este mundo para quedarnos en él: como no es posible, buscamos un lienzo que nos haga eternos, para inmortalizarnos.
Llegada la madurez, he aprendido que nunca se puede estar seguro de lo que se debe opinar acerca de lo que quiere decir un pintor en sus cuadros, un director en sus películas o un escritor en sus novelas. Lo único que sé es que, una vez acabada la obra, el libro es del lector, la película del espectador y el cuadro de quien contempla lo representado en él. Que coincida o no con lo que pensaba el creador al realizar la obra, es asunto que depende de otros factores. Y por lo que a mí respecta, sólo lo que creo ver, lo que intuyo y lo que me dictan las sensaciones. Así pues, considérese mi opinión como una más, seguramente de las menos cualificadas. Pero tan justificables como son los recuerdos del hombre, tan tamizados por el paso de los días y el agua de las lluvias.
Alfredo Montaña ha recorrido un camino difícil en el mundo de la pintura. Cuando lo conocí (puede que ya se hayan quemado dos décadas en el incendio de la vida), se esforzaba en convertir la geometría en arte y en prolongar una animada conversación de Café. Eran tiempos rocosos en los que todo era difícil: todo, menos conversar. De aquellos primeros tiempos queda una obra original e inquietante, tan viva como ilusiones que ponía en el premio del futuro; una obra cuyo repaso, ahora, sigue causando inquietud, pero sobre todo nostalgia. Éramos más jóvenes y, a diferencia de hoy, reíamos en muchas más cosas. Incluso en la posibilidad de que un día vendrán a buscarnos la gloria.